El primer beso tenia que ser si o si bajo la lluvia. Una especie de regla metafórica sobre los comienzos del amor y sus continuaciones. Si empieza bajo la lluvia ella sentía que sería feliz para siempre. Aunque sabía que era puro capricho de romántica empedernida. Aunque sabía que era una forma más de mentirse para darse impulso y saltar una vez más a una pileta que, si bien nunca estuvo vacía del todo, generalmente terminaba mostrándole la podredumbre del agua.
Abrió los ojos en la mitad del beso. Siempre lo hacía. Miró a quien estaba besando. Prácticamente un hombre que recién conocía (aunque bien sabía que no, que ese hombre... y un silencio abismal se abría en el medio de su pecho y nunca más, se había dicho y esto tenía tanto gusto a revancha, a finalmente ahora, otra cosa), una cara, ciertos gestos, una voz. Pero se sintió aliviada. De estar ahí. Ese beso misteriosamente no le causaba esa sensación de escalofríos. No tenía miedo. Le gustaba. Realmente estaba disfrutando. La lluvia, pensó. Y le arrojó la culpa en suspiros a la maldita tormenta que tan feliz la hacía.
Se acostó sabiendo que había sido una noche i-real. Las alas las dejó descansar. Y caminar por la tierra. Caminar finalmente por donde estaba parada. Otra vez esa sensación. El lugar perfecto en el momento perfecto.
0 Sospechosos:
Publicar un comentario