A un paso de sentirme como el grinch (no sé si así se escribe). Con la certeza de no ser parte de Bowling for Columbine sólo por un asunto de coincidencias y oportunidades y no por la ajena convicción del respeto a la vida y a la paz. Esa era yo a las 1.00 de la madrugada mientras caminaba y caminaba y caminaba -cargada de bolsos que no llevaban regalos- por unas calles que no acogían ni una puta micro que me liberara del esfuerzo físico que la inercía de la huida me imponía. Calculo que caminé una hora y cuarto. Calculo que cargaba bolsos con diez kilos. Lloré un poquito pero no sé cuanto y me persiguieron algunos perros callejeros.
Pensé que nunca iba a llegar, que me iban a asaltar, que los perros me iban a morder y que unos trashers me iban a pegar. Odio esto y odio todo por que no estas aqui. Luego quise que me asaltaran, mordieran y pegaran sólo para hacerte daño. Por suerte no pasó nada porque cada vez que me daño para dañar a otros, la única afectada soy yo.
Iba en que había caminado. Así fue hasta que llegué a un eje en donde se suponía que pasaban micros y taxis. Sólo pasaron taxis. Taxis que se hacían los coquetos frente a cualquier gil que estuviera parado ahí con cara de nada. O con cara de pena. Son las 1.45.
No soy la persona más comunicativa del mundo. Tampoco la más esotérica. Por eso no logro explicarme porqué cuando el taxista astrólogo me preguntó por mi signo y luego me hablo de la trascendencia de mi esencia de mujer geminiana, yo no lo mandé simplemente a la cresta. Tenía derecho a ser desagradable: insisto en los kilómetros que caminé, en el peso que cargaba y en cierta ira mezclada con pena que se destila de los párrafos anteriores.
El taxi-man nació un nueve de junio, no sé de que año. Ha viajado por el mundo buscando campos magnéticos que lo ayuden a entenderse a sí mismo. Se define como un hombre curioso y comprensivo. Leal y buen amigo. Ama las conversaciones interesante y jamás le mentiría a otro géminis. Todo eso me dice mientras me explica la importancia de mi carta astral y me habla de los cinco colores del aura. Ya son las 2.00. Yo no creo en el aura, pero no se lo digo, la gente con convicciones es mucho más cargante e insistente que la gente sin. Además, a ellos les importa. En concecuencia, aprendí a preguntar en vez de contradecir, así logro entender un poco desde donde construyen su discurso. Taxi-man ha practicado todas las religiones del mundo. Eso no se lo creo. Ha viajado en submarino, ha volado y caminado por desiertos. Me dice que los capricornios son exitosos y triunfadores. Pienso en mis capricornios y creo que me miente.
Empiezo a sospechar en la utilidad de las frases hechas y los códigos conductuales que nunca aprendí a manejar. Para mí cada "hola, ¿cómo estás?" es una pregunta de verdad. Cada pregunta al aire es una tarea, cada frase típica de despedida es literal. Entiendo la conveniencia de jugar a repetir oraciones. Pero no puedo.
Después me habla de su amigo también géminis -del catorce de junio-, con el cual tiene una relación maravillosa: no tienen muchas cosas en común pero aprenden el uno del otro. Pienso que un Taxi psicológico sería un excelente negocio. Una flota de taxis manejados por psicólogos y/o psiquiatras que mientras transportan a sus pacientes les dan consejos sobre sus vidas y los hacen hablar de sus problemas. Obvio que esta solución/propuesta no funcionaría conmigo: yo no hablo de mí,no me someteria a eso otra vez. Una variación del taxi psicológico incluiría astrólogos. Baja inversión, altas tarifas, buenas propinas y clientes fieles. Este negocio no tiene por donde fallar.
Taxi-man me habla de mí. Me dice muchas cosas que ya sé. Pero son cosas que tal vez afectan al 75% de la población, por eso se dicen con la convicción de que igual le van a achuntar. Certero taxi-man, debo decirlo.
Estamos en el aura de nuevo. Hay cinco colores que no recuerdo. Sólo un color es terrícola, los otros son extraterrestes, no entedí mucho esta parte y el mismo taxi-man me lo hizo notar. Me pregunta por mí, como comprobando lo que me ha dicho. Estamos a media cuadra de la casa. Le contesto sin mentir pero omitiendo. Me dice que las muejres géminis somos un misterio maravilloso por lo volátil y etéreo de la mujer combinado con lo géminis. Me habla del hombre géminis. Recuerdo que el malo más malo de las doce casas en los Caballeros del zodiaco era géminis. Y era bipolar pero lindo. Y tan malo no era, depués volvía a ser amigo de sus amigos. Así es el hombre géminis pienso para mi taxi-man en voz baja. Ya nos hemos estacionado. Me habla del aura de nuevo. Yo me tengo que ir. Tardo en decírselo. Me dice que una conversación entre géminis es una conversación entre amigos. No quise darle mi definición de amistad. Igual fue una conversación cómoda, le doy tres punto sobre un máximo de cinco. No soy tacaña, esa es una muy buena puntuación en mi ranking. Me dice que fue un gusto, yo le digo que también.
Me bajo del taxi y recuerdo el peso de los bolsos que llevaba. Ya son como las 2.30. No tengo sueño. Tengo mala cara y una anécdota de taxi que a nadie le importa.
Y eso ..
01 mayo 2006 by Daи!s
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